julio 1, 2022

Gabriel Boric: desde la calle y la revolución de los pingüinos hasta La Moneda

Protagonista de la llamada «revolución de los pingüinos», la rebelión estudiantil que en 2006 reclamó «educación gratuita y de calidad» y marcó las primeras grietas en el modelo chileno, Gabriel Boric, de 36 años, se convertirá este viernes en el presidente más joven en llegar a La Moneda, cargo al que accede con una maleta repleta de promesas de cambios rotundos y un alto nivel de expectativas, en un país en creciente polarización.

Militante de Convergencia Social y con un liderazgo íntimamente ligado al proceso constituyente que vive el país, el último año de Boric tuvo un ascenso meteórico.

Fue el vencedor en las elecciones primarias de julio y luego, tras resultar segundo en la primera vuelta, en noviembre, terminó logrando una sólida victoria de casi 12 puntos frente a su rival de extrema derecha, José Antonio Kast, en la segunda vuelta de diciembre.

Telam SE

El resultado de esos comicios, los de mayor participación juvenil de la historia del país, se produjeron en un contexto de enorme efervescencia política, dos años después de un histórico estallido social (2019) y mientras una Convención Constitucional nacida de ese movimiento busca enterrar la herencia institucional de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Boric nació el 11 de febrero de 1986 en Punta Arenas, la ciudad continental más austral de Chile, donde realizó la enseñanza primaria y secundaria en The British School y fue presidente de curso en los primeros años de la primaria.

En 2004 ingresó a estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de Chile y, durante ese periodo, fue profesor ayudante de las cátedras de Teoría de la Justicia, Historia Institucional de Chile y Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Su vínculo con el mundo político se inició en esa casa de estudios cuando ingresó al colectivo Izquierda Autónoma.

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En 2008, fue electo consejero de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) y en 2010 fue presidente del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile.

En 2011, los tres máximos referentes de una histórica rebelión estudiantil de 2006 que exigía «educación pública, gratuita y de calidad» –Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Boric– decidieron ir como candidatos a diputados, los dos primeros por la Nueva Mayoría (liderada por la expresidenta Michelle Bachelet) y Boric por fuera, como militante de Izquierda Autónoma.

En su labor como legislador siempre buscó sintonizar con Jackson y Vallejo -y luego con la joven comunista Karol Cariola- impulsando en el hemiciclo propuestas que, sostenía, buscaban cambiar el status quo.

En 2016 fundó el Movimiento Autonomista con el objetivo de configurar una renovación de la izquierda doctrinaria chilena y acelerar el surgimiento de una alternativa por fuera de las dos coaliciones que hegemonizaban el sistema político y gobernaron todo el período posdictadura: la centroizquierda de la exConcertación y la centroderecha que acompañó a los dos Gobiernos de Sebastián Piñera.

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Su campaña política a la presidencia estuvo enfocada en la ampliación de derechos, la descentralización del país, el ambientalismo, el fin de la herencia del pinochetismo y el respeto a los pueblos originarios, muchos de los reclamos centrales del estallido social.

Fiel al estilo diplomático que asumió desde el principio de la campaña, no dudó en moderar su discurso de cara al balotaje e invitar a todos los líderes del arco opositor a dialogar para acercar posiciones.

En enero, nombró un gabinete de mayoría femenina, que incluye a la primera ministra del Interior de la historia, con varias figuras de la exConcertación, en un esfuerzo por afianzar y complementar el apoyo de la coalición electoral que lo encumbró al poder, establecer un diálogo con el empresariado y enfrentar una economía golpeada por el estallido social y la pandemia de coronavirus.

Fue duramente criticado por una parte de la izquierda chilena cuando firmó -incluso desautorizado por su partido- el llamado «acuerdo histórico» que habilitó el proceso constituyente en el país, un texto al que la derecha le había impuesto mayorías especiales y quórum altos y era por ello rechazado por gran parte del arco progresista.

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Sin embargo, el tiempo y una Convención Constituyente en pleno funcionamiento parecieron darle la razón al entonces joven legislador que se erigió como uno de los políticos que mejor supo leer el estallido social y sus alcances políticos, por lo que el episodio se terminó sumando a su capital político.

Con sus compañeros de lucha y demandas estudiantiles de hace 16 años en puestos clave -Jackson en la Secretaría general de la Presidencia y Vallejo en la vocería- Boric inicia un Gobierno que despertó grandes expectativas de cambio y promesas de inclusión, además de una impronta feminista, medioambiental y de justicia social.

No será fácil. Con un Congreso sin mayoría de izquierda, el presidente deberá negociar con otras fuerzas la agenda transformadora que desea y por la que 4,6 millones de chilenos lo votaron, a la espera de que la nueva Carta Magna -en caso de ser aprobada este año- facilite también muchos de esos cambios.

En su discurso del triunfo la noche del 19 de diciembre, Boric parafraseó al presidente Salvador Allende, quien también en su discurso de triunfo electoral el 4 de septiembre de 1970 dijo desde los balcones de la Federación de Estudiantes de Chile (Fech): «Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada».

La frase de Boric fue: «Vayan a sus casas con la alegría sana de la victoria alcanzada».

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