Casi uno de cada cinco trabajadores ya es cuentapropistas en Chubut, si se promedian los daos de Comodoro y Trelew. En 10 años, hubo un salto en ambas ciudades, aunque todavía no están entre las más altas del país.
Hay un cambio silencioso en el mercado laboral que también se siente en Chubut. No hace ruido como un cierre de fábrica ni tiene la épica de un gran anuncio de inversión, pero modifica de fondo la forma en que miles de personas generan ingresos: cada vez más trabajadores pasan del empleo en relación de dependencia al trabajo por cuenta propia.
No es una impresión. Es un dato. Y en ciudades como Comodoro Rivadavia empieza a tener efectos concretos en la economía cotidiana. Así surge del último informe de la consultora Politikon Chaco, elaborado en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC para el tercer trimestre de 2025.
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Pero más que un número nacional, conviene mirar qué está pasando en Chubut. Y, sobre todo, qué está pasando en Comodoro.
Rawson–Trelew y Comodoro: dos perfiles, una misma tendencia
En el aglomerado Rawson–Trelew, el 21% de los ocupados trabaja por cuenta propia. Es un crecimiento de 4,1 puntos desde 2016. Uno de cada cinco trabajadores genera sus ingresos sin patrón.
En Comodoro Rivadavia el porcentaje es menor: 18,5%. La ciudad petrolera todavía conserva un perfil más asalariado que otras zonas del país. Pero el dato relevante no es la foto, sino la película: desde 2016 el cuentapropismo creció 3 puntos también en Comodoro. Incluso en una economía históricamente ligada al empleo formal en el petróleo, la autonomía laboral está avanzando.
Si se amplía la mirada a la Patagonia, el contraste es todavía más marcado. En Río Gallegos el cuentapropismo es apenas del 9,2%, el nivel más bajo del país, con un 88,3% de trabajadores en relación de dependencia. En Neuquén (aglomerado Neuquén-Plottier) la proporción de trabajadores por cuenta propia alcanza el 20,5%, aunque allí el fenómeno mostró un leve retroceso en la última década (-0,4 puntos). Más atrás aparecen Viedma-Patagones (20,3%) y Ushuaia-Río Grande (14,5%). El sur no es homogéneo: donde el Estado o las grandes estructuras empresarias pesan más, el empleo asalariado resiste; donde el entramado productivo es más fragmentado, el cuentapropismo gana terreno.
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La tendencia nacional refuerza el diagnóstico
A nivel país, el fenómeno es contundente. Entre 2016 y 2025 el empleo asalariado creció 13%, mientras que el trabajo por cuenta propia aumentó 3 veces más, con un salto del 42,2%. Así, los cuentapropistas pasaron de 2,3 millones a 3,3 millones de personas. En los últimos dos años el movimiento fue aún más claro: mientras el empleo en relación de dependencia cayó 2,5% frente a 2023, el cuentapropismo subió 15,6%.
Para los expertos de Politikon Chaco, esta reconfiguración del mercado de trabajo sugiere que el cuentapropismo se está consolidando como una «respuesta estructural» ante las transformaciones y la dificultad del sistema para generar nuevos puestos asalariados estables. En ciudades como Mar del Plata o Posadas, este fenómeno ya alcanza a más del 32% de los trabajadores, marcando quizás el camino de lo que podría suceder en el resto de los centros urbanos del país.
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Cuando el sistema económico no genera suficientes puestos formales, el mercado se adapta. Y la adaptación es individual.
¿Más libertad o más fragilidad?
El cuentapropismo no es necesariamente negativo. Puede implicar autonomía, capacidad emprendedora y diversificación de ingresos. Sin embargo, también implica Mayor volatilidad en los ingresos mensuales, menor cobertura previsional efectiva, menos estabilidad para planificar consumo o crédito. En una ciudad como Comodoro, donde el salario petrolero fue durante años el ancla de consumo, esta mutación tiene impacto estructural. Si crece el trabajo independiente el consumo se vuelve más prudente, la demanda inmobiliaria cambia de lógica y la recaudación también se vuelve más sensible a los ciclos.
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¿Qué significa esto en términos reales?
No se trata sólo de estadísticas, sino de transformaciones concretas en la vida cotidiana. En Comodoro, hace años que circula una conversación recurrente: trabajadores petroleros que se “reconvirtieron”.
Algunos relatos hablan de operarios que, tras una desvinculación o ante la inestabilidad del sector, comenzaron a trabajar como conductores de plataformas como Uber. No hay cifras oficiales que confirmen cuánto de eso es fenómeno extendido y cuánto tiene algo de mito urbano, pero la percepción existe y forma parte del clima económico local.
Otros casos son más verificables: inmobiliarias de la ciudad vienen señalando desde hace meses que parte del capital proveniente de indemnizaciones del petróleo se volcó a la compra de viviendas para renta. Es decir, trabajadores que pasan -al menos en parte- de depender de un salario a generar ingresos propios por alquiler.
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Eso también es cuentapropismo. Y no se limita al petróleo. En distintos ámbitos de Comodoro y Trelew es cada vez más común encontrar trabajadores sin empleo fijo que sostienen ingresos con oficios independientes, o empleados que suman una actividad paralela para complementar el sueldo.
En ese contexto, las ventas por catálogo, comercio digital informal, pequeños emprendimientos de indumentaria o servicios son parte del menú. Incluso como ‘competencia no del todo leal’ para comercios establecidos, que pagan impuestos, lo que en algún momento llevó al municipio a pensar cómo regular esas actividades paralelas. Muchos no abandonan su empleo principal, pero ya no dependen exclusivamente de él. El ingreso se fragmenta.
Una transformación silenciosa
Lo que muestran los datos no es una crisis puntual. Es algo más profundo. El empleo asalariado sigue siendo mayoritario en Comodoro. Pero ya no es el único pilar. Cada vez más hogares combinan ingresos, a partir de quienes pueden sumar a un salario, el adicional de un emprendimiento o una actividad paralela.
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La pregunta hacia adelante no es si el cuentapropismo va a seguir creciendo. La tendencia indica que sí. El interrogante es si se transformará en un modelo más formalizado y sostenible, o se consolidará como una respuesta defensiva frente a un mercado que no logra generar empleo estable al ritmo que la sociedad necesita.
Ese es el debate económico de fondo. Y empieza, silenciosamente, en las decisiones cotidianas de miles de trabajadores sin patrón.

